EL PODER DE LA MIRADA

Hace umiradanos días visitamos la cárcel de hombres de Soto del Real. Pudimos conocer de primera mano una iniciativa que se ha puesto en marcha en el Módulo 2, tradicionalmente un módulo con un alto nivel de tensión.

Por impulso de varios profesionales que trabajan en dicho Módulo, se organizaron una serie de encuentros restaurativos entre internos condenados por delitos contra la salud pública (tráfico de drogas) y consumidores. El objetivo de estos encuentros restaurativos es propiciar un lugar en el que todos sus participantes son invitados a expresar, por un lado cómo han vivido el consumo de drogas y lo que ello ha supuesto en sus vidas; y por otro lo que les llevó a delinquir contra la salud pública y lo que esto ha supuesto también en sus vidas.

Los primeros encuentros tuvieron lugar hace ya algunos meses. Y han generado entre sus participantes un acercamiento que les ha llevado a desarrollar más iniciativas. Se ha propiciado entre ellos un claro sentimiento de pertenencia a un grupo en el que se perciben escuchados y tenidos en cuenta. Un espacio en el que las miradas ya no están cargadas de etiquetas, sino que son miradas que ven a la persona que vive detrás de esas etiquetas. Han dejado de ser una mula de droga, un consumidor, una persona de determinada nacionalidad u otra. Han creado un lugar en el que son mucho más que unas etiquetas que limitan y te conducen a actitudes y comportamientos esperados. Están en un lugar en el que conectan con lo más bello que vive en cada uno de nosotros, ese lugar en el que somos vistos en toda nuestra plenitud. Y cuando somos vistos en nuestra esencia, que es bella, conectamos con nuestras necesidades y nos ponemos en marcha.

Ese espacio de miradas curiosas hacia el otro, que descubre a la persona, ha actuado como resorte y ha llevado a este grupo de hombres a la acción: a iniciativa propia están interviniendo en las situaciones conflictivas que surgen en la convivencia del Módulo, actuando como mediadores espontáneos, autorizados por su trayectoria vital, logrando que el nivel de conflictividad haya bajado de forma significativa.

Otra de las iniciativas que han puesto en marcha es un proceso de acogida a los nuevos  internos que ingresan en el Módulo, compartiendo con ellos las normas que facilitan la convivencia en el mismo, y acompañando en los primeros momentos a la persona recién llegada.

También han decidido cuidar el entorno en el que viven, organizando unas rutinas de limpieza que hacen que el espacio común sea más agradable.

Estos hombres, todos ellos con un pasado difícil y un presente lleno de aridez y soledad, han transformado su situación gracias a la mirada que reciben en ese espacio restaurativo que han construido entre ellos. Esta mirada les hace conectar con necesidades tan profundas como la de aportar bienestar a los demás, contribuir a la convivencia pacífica, dar apoyo y cuidar la armonía del entorno en el que viven.

La mirada que ofrecemos al otro puede ser transformadora, cuando se trata de una mirada que ve a la persona en su plenitud, más allá de los juicios y de las etiquetas, más allá del rencor y el miedo. Una mirada que conecta con la belleza del otro y que obra un efecto sorprendente: facilita también que el otro conecte con su belleza interior.

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